• Jóvenes con Trabajo Digno

Presentación del "Decálogo de Buenas Prácticas para la Inclusión Laboral"



I. Contexto general


Cerrar las puertas a la juventud es un grave error. Genera riesgos no sólo para las personas jóvenes y sus familias, sino también para sus comunidades y para el país.

Para salir adelante de la crisis, México requiere aprovechar todo el potencial y el talento de la juventud. Si queremos aspirar a una recuperación económica sostenible después del Covid-19, urge crear oportunidades para que haya más jóvenes con trabajo digno.


El problema es que no hay políticas públicas o instituciones responsables de las y los jóvenes en desventaja. Son jóvenes que no concluyen satisfactoriamente su educación básica, al menos hasta bachillerato o media superior, que carecen de habilidades para iniciar su vida productiva y que muchas veces quedan atrapados en trabajos informales, temporales y precarios.


El sistema educativo, el gobierno, las empresas, y muchas veces hasta las familias, se desentienden de jóvenes en desventaja, se les margina, quedan “borrados” de su atención. Quedan únicamente en la mira de la policía para razzias o peor aún, se convierten en carne de cañón del crimen organizado.


Por experiencia sabemos que hay diversos contextos y condiciones que producen desventaja para las y los jóvenes: la pobreza y las carencias de lo básico; las violencias: doméstica, en el barrio y criminal; la baja calidad educativa, el abandono escolar, la educación sin pertinencia que no apela a la mentalidad e intereses de las y los jóvenes; la carencia de protección y seguridad social; las adicciones de sustancias legales e ilegales; y ahora se hace más grande y evidente la brecha digital, porque no todos los jóvenes tienen internet y acceso a la tecnología y mucho menos para su manejo para el trabajo.


Para las personas jóvenes, el círculo vicioso de las desventajas se inicia al quedar fuera de la escuela sin haber concluido el ciclo de formación y se agrava al no conseguir trabajo o tener un trabajo precario e informal, sin protección social y sin derechos.

Antes de la pandemia del Covid-19, había al menos 12 millones 100 mil jóvenes entre 15 y 29 años de edad en esta condición de desventaja:

  • 5 millones 600 mil que no estudian ni trabajan (JNET), y

  • 6 millones 500 mil por tener trabajos de alta precariedad, sin ingreso suficiente y sin seguridad social.

La exclusión, laboral, educativa, social y sin oportunidades, tiene muchos efectos negativos, para las personas jóvenes, pero también para sus comunidades y para el país.


La pandemia del Covid-19 ha venido a complicar aún más esta situación que ya de por sí era grave. Se estima que haya un incremento de 4 millones de jóvenes más que quedarán fuera de la escuela y el trabajo por esta crisis.


Los efectos negativos son múltiples. Por ejemplo, hay estudios internacionales que muestran que por cada punto porcentual de jóvenes que no estudian y no trabajan (JNET) la tasa de criminalidad se incrementa 1.16 puntos porcentuales. Por lo que el incremento de casi 14% de jóvenes fuera de la escuela y el trabajo por la crisis actual, puede producir un incremento de 17% en la tasa de criminalidad en México.


Los hogares con jóvenes que quedan fuera de la escuela y el trabajo (JNET) tienen una reducción de alrededor de 25% de sus ingresos presentes. Y más grave aún, esta situación puede significar hasta 10% de menor ingreso anual durante los siguientes 20 años de su vida, respecto a jóvenes que siguen estudiando o consiguen trabajo.

La Alianza Jóvenes con Trabajo Digno enfoca sus esfuerzos en particular en este tipo de personas jóvenes, sobre todo en jóvenes que padecen mayores desventajas. En particular, atendemos a las mujeres jóvenes, que enfrentan una doble fuente de discriminación y exclusión.


Hay 3 millones 833 mil mujeres jóvenes sin trabajo, que expresan no estar disponibles para trabajar porque tienen que realizar trabajos de cuidado y domésticos sin paga. Están totalmente excluidas del sistema laboral pese a realizar tareas indispensables para sus familias y para la sociedad.


Las barreras de inclusión económica para las mujeres jóvenes son aún mayores. Para trabajar, las mujeres tienen que resolver dónde dejar a sus hijas e hijos pequeños, si los hijos e hijas están ya en edad escolar deben resolver además quién les recoge, les da de comer y les acompaña en sus tareas escolares. Y, por si fuera poco, muchas veces aun cuando trabajan de manera remunerada a tiempo completo, mantienen la obligación sexista de realizar la mayor parte de las tareas del hogar.


En muchos casos, son mujeres proveedoras y sin pareja. Son una parte sustancial de “hogares de jefatura femenina”, que tienen que asumir todas las responsabilidades, por su condición de madres.


En la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno trabajamos cotidianamente con jóvenes en desventaja, porque sabemos que tienen derechos, tienen talento, tienen un gran potencial y requieren una oportunidad. Por eso llamamos a no cerrarles la puerta.

II. Contexto del decálogo


Las y los jóvenes en desventaja requieren oportunidades. Los obstáculos que se colocan para contratar jóvenes deben ser removidos. Muchas veces estos obstáculos son producto de costumbres y desconocimiento. Algunos requisitos solicitados crean barreras para jóvenes con desventajas, y también representan una pérdida de talento y potencial productivo para las empresas y las entidades empleadoras.


En muchos empleos se exigen requisitos de contratación sin conciencia de que violan derechos. Al solicitar pruebas de embarazo, cartas de antecedentes no penales, currículum con fotografía, apariencia física, formas de vestir, entre otras, que configuran prácticas discriminatorias.


Este tipo de requisitos pueden ser ilegales, pues en la mayoría de los casos, ni siquiera están directamente relacionados con el perfil del puesto o con las funciones a realizar.

Por eso, hoy, en el Día Internacional de la Juventud, hacemos este llamado a no cerrar las puertas a las y los jóvenes y ofrecemos este Decálogo de buenas prácticas para inclusión laboral, orientado a jóvenes, como una herramienta para empresas y entidades empleadoras.


Este Decálogo tiene dos sólidas raíces: la experiencia y la normatividad antidiscriminatoria.


Por una parte, la experiencia de muchos años de quienes trabajamos en programas de empleabilidad y formación para el trabajo con jóvenes nos dio la materia prima básica. Los testimonios y experiencias negativas de cientos y miles de jóvenes que llegan a nuestros programas han sido un estímulo para delinear los cambios que se requieren en la cultura de contratación y empleo.


Con base en la experiencia de jóvenes que sí han podido colocarse y han resultado un valor positivo para quienes les dieron empleo, hemos aprendido qué obstáculos hay que derribar. Hemos identificado requisitos que se basan en prejuicios, en temores, en una visión negativa sobre la juventud. Muchas veces, estas prácticas surgen de una cultura discriminatoria que a veces no es plenamente consciente, pero funciona y se reproduce.


Esta experiencia también nos muestra el potencial productivo, de jóvenes que han tenido la oportunidad de recibir formación para la vida y el trabajo. El talento y el potencial de miles de jóvenes solo requiere apoyarles a desarrollar habilidades “blandas” como el trabajo en equipo, la comunicación asertiva, la resolución no violenta de conflictos.


El desarrollo de habilidades junto con el acompañamiento para delinear su proyecto de vida desde una perspectiva realista y positiva, con autoestima y confianza en si mismas, es la fórmula de éxito para romper el círculo vicioso de las desventajas que han acumulado las personas jóvenes en sus pocos años de vida.


Por otra parte, el Decálogo se nutre de los principios de igualdad y no discriminación que son piedra angular de los derechos humanos. Tomamos como referencia medidas contra la discriminación y para evitar prácticas que impiden o restringen el ejercicio de derechos. Aspiramos a que la norma internacional y de nuestro art. 1º constitucional se aplique en la realidad, y en particular en las prácticas de contratación y empleo para todas las personas, y en especial para jóvenes, a quienes se les ponen barreras aún más altas.


En el proceso de elaboración del Decálogo, pudimos dialogar con representantes de diversas empresas y entidades empleadoras. Nos interesa sobretodo escuchar la perspectiva y dudas de directores y gerentes de recursos humanos, que son quienes asumen la responsabilidad de contratación y reclutamiento de talento en sus empresas.


Les estamos invitando a mover la palanca para que jóvenes puedan entrar y tengan una oportunidad. Se requiere sí abrir fuentes de trabajo pero también se requiere un cambio de mentalidad. Hay que pasar de una cultura de discriminación y exclusión a una cultura de inclusión.


Queremos que quede muy claro: Trabajo Digno es trabajar con derechos laborales. Es trabajo con salario suficiente para una familia, con seguridad social, con prestaciones obligatorias y con organización sindical para defensa y negociación colectiva, entre otras condiciones básicas. Trabajo Digno es lo mínimo indispensable por Ley, no es un ideal ilusorio, o un privilegio. Trabajo Digno es un derecho humano.

Presentación del Decálogo

Les presento el Decálogo, desde sus párrafos de introducción:


La Alianza Jóvenes con Trabajo Digno llama a las entidades empleadoras –empresas públicas y privadas, micro, pequeñas, medianas y grandes— a no cerrar las puertas a las y los jóvenes. Un llamado que hoy es especialmente urgente en el contexto de los retos de la crisis y la recuperación económica por la emergencia del Covid-19.


Este decálogo tiene como propósito impulsar la contratación equitativa de jóvenes, principalmente de quienes presentan más desventajas. Es una herramienta de inclusión basada en el enfoque de derechos, en especial a la no discriminación y el derecho a un trabajo digno.


A pesar de las dificultades económicas que el país enfrenta, cerrar las oportunidades a las y los jóvenes compromete no sólo el futuro, sino el presente de nuestro país, su competitividad, su cohesión social y su seguridad. Las y los jóvenes merecen una oportunidad para desarrollar su potencial, sin discriminación.

Estamos convencidos de que México será mejor si cada vez hay más jóvenes con trabajo digno, por lo que te invitamos a adoptar este decálogo para asegurar su inclusión económica de forma equitativa.

  1. Asumir compromiso público. Asumir un compromiso público con el principio de “no discriminación”. Presentar las acciones verificables para erradicar la discriminación en los centros de trabajo e incluir acciones específicas para jóvenes y mujeres. Tener la leyenda de inclusión, diversidad e igualdad de oportunidades en oficinas de RRHH y sitios Web de la organización.

  2. Seleccionar únicamente con base en el perfil del puesto. Garantizar que la selección se realice con base en el potencial, la experiencia y las habilidades del aspirante para desempeñar el puesto de trabajo ofertado, definido desde el inicio.

  3. Evitar hacer diferencias subjetivas. Solicitar currículum vitae sin fotografía y seleccionar sin hacer diferencias por edad, género, lugar de nacimiento, lugar de residencia, apariencia física, etnia u otras condiciones que aludan a diferencias subjetivas o que afecten la dignidad de las personas.

  4. Respetar la esfera privada de los aspirantes. Evitar preguntas sobre datos sensibles en las entrevistas y formularios de solicitud, tales como la condición de salud, la orientación o preferencia sexual, religión, estado civil, uso de tatuajes, y cualquier información que no sea relevante para el perfil de trabajo. Evitar solicitar la carta de antecedentes no penales.

  5. Solicitar la información médica indispensable. Solicitar información médica o de condiciones de salud sólo después de la contratación, evitando pedir pruebas de embarazo o VIH. Las pruebas de consumo de drogas, de alcohol, o de confianza (polígrafo), solamente son aceptables cuando sean indispensables por el perfil del puesto.

  6. Dar información completa del proceso de selección. Desde el inicio informar a los solicitantes los pasos del proceso de reclutamiento, así como los resultados obtenidos en cada paso. Informar cuando no han sido seleccionados, dándoles retroalimentación que les ayude en el futuro.

  7. Tener acciones afirmativas para mujeres. Posibilitar condiciones que favorecen la inclusión laboral de mujeres, entre otras: jornada compatible con familia y escuelas, espacios de lactancia, acceso a centros de cuidado infantil y preferencia de contratación cuando sea factible.

  8. Tener acciones afirmativas para jóvenes. Ofrecer jornadas de trabajo compatibles con estudios, incluyendo empleos de medio tiempo, prácticas laborales y planes de capacitación continua, formas de aprendizaje, posibilidades de crecimiento y desarrollo profesional.

  9. Favorecer la accesibilidad y fomentar la diversidad. Favorecer las condiciones de accesibilidad para la inserción laboral de personas con discapacidad y de otras vulnerabilidades, y fomentar la diversidad en términos de género, etnia, orientación sexual, religión, lugar de procedencia, entre otras.

  10. Cumplir derechos laborales. Cumplir totalmente las normas laborales del derecho al trabajo digno, entre otras:

  • A trabajo igual, salario igual, sin distinción entre hombres y mujeres, o entre jóvenes y no jóvenes.

  • Remuneración suficiente para quien trabaja y su familia (no menor al costo de la canasta básica para dos personas)

  • Afiliación a la seguridad social

  • Jornada de trabajo máxima de 48 horas a la semana con un día de descanso, vacaciones y pago de horas extra

  • Seguridad e higiene en el trabajo

  • Acceso a formación y capacitación continua

  • Libertad de afiliación sindical y negociación colectiva

  • Normas Oficiales como la NMX 025 (En igualdad laboral y no discriminación), NOM 035 (Factores de riesgo psicosocial en el trabajo), entre otras.

IV. Mensaje final

El Decálogo que hoy presentamos es ante todo una herramienta para transformar las prácticas de contratación. Esperamos sirva para detonar conversaciones constructivas entre quienes asumen la responsabilidad de contratar personal y así contribuir a una nueva cultura de contratación sin discriminación.


Aspiramos a que la adopción del Decálogo se traduzca en un proceso de mejora continua de las empresas y entidades empleadoras. Un proceso que permita eliminar requisitos innecesarios y reducir los obstáculos que afectan a jóvenes en desventaja.


Estamos convencidos que al adoptar este Decálogo se beneficiarán muchas personas jóvenes, pero también se va a mejorar la capacidad de atracción de talento y potencial productivo de empleadores.


Invitamos a las entidades empleadoras en México a adherirse al decálogo. Para hacerlo les pedimos registrarse en la sección “Decálogo” en el sitio Web de la Alianza: www.jovenescontrabajodigno.mx


La adhesión es un primer paso para iniciar el proceso de cambio de prácticas y cultura. Un paso que les permitirá elaborar planes de mejora y fijar el ritmo en que se pueden cambiar sus procedimientos y requisitos.


Será para bien de su empresa, será para bien de miles de jóvenes y será para bien de México.


Después del Covid, nuestro país requiere y merece una recuperación más incluyente y con más equidad y cohesión social.


Muchas gracias

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